Ser docente inclusivo

Si somos conscientes que la Educación es un derecho fundamental a través de la cual las personas pueden acceder a sus demás derechos. Además que el cambio en la educación significa no solo un cambio en los propios estudiantes sino de los propios maestros a través de un aprendizaje mutuo.  Entonces, podemos asumir el compromiso de trabajar por una Educación Inclusiva con la cual hagamos posible una Escuela para todos y todas.

Por lo dicho anteriormente, resulta indispensable que seamos los propios docentes quienes asumamos, desde nuestra práctica, ese cambio.

Pero ¿qué cambios debemos asumir en nuestra práctica como docente inclusivo?

Primero, debemos tener muy en claro que para lograr desarrollar una verdadera práctica inclusiva necesitamos de políticas inclusivas y de una cultura inclusiva. Por consiguiente, es nuestro deber sensibilizar y promover el compromiso de los demás intervinientes de la comunidad educativa sobre la importancia de realizar cambios en favor de ese ideal posible.

Segundo, debemos ser conocedores del marco internacional y nacional sobre lo que se estipula en lo referente a lograr una Educación Inclusiva. Pues, no se puede actuar sobre lo que no se conoce con claridad.

Tercero, debemos ser humildes y entender que necesitamos de ayuda para lograr hacer que nuestra labor docente sea la de un maestro inclusivo. Por ello, debemos establecer y mantener una comunicación constante con los profesionales del SAANEE (Servicio de Apoyo y Asesoramiento para la atención de Necesidades Educativas Especiales).

Cuarto, aprender a reconocer y valorar las diferencias de nuestros estudiantes. Sabiendo identificar sus necesidades, características y particularidades para tenerlas presente en el desarrollo de nuestro quehacer educativo. Por ello, es imprescindible informarse sobre los resultados de las evaluaciones psicopedagógicas y evaluar el proceso de enseñanza-aprendizaje; para poder ir reestructurando y adaptando nuestra práctica a los estudiantes con el fin de que logren alcanzar los aprendizajes esperados dentro de un ambiente de calidad (equidad).

Cinco, ser los principales promotores del involucramiento de la familia dentro del proceso de aprendizaje de todos los alumnos. Tanto de aquellos con necesidades especiales como de los demás. Pues los primeros serán los generadores de expectativas y facilitarán el desarrollo de las potencialidades de sus hijos. Mientras que los segundos se convertirán en padres conscientes de que las diferencias no son un factor obstaculizante sino un medio para el mejor desarrollo de los propios estudiantes. A su vez, se convertirán en sensibilizadores con sus congéneres sobre la necesidad de crear una Escuela para Todos.

Sexto, trabajar en equipo con los demás docentes. Pues el éxito de una educación inclusiva es esa: Que incluya a todos sin ningún tipo de distinción. Por lo tanto, es crucial que todos los maestros estemos comprometidos con esta meta y que se materialice en nuestras acciones. Puesto que, la inclusión no es una tarea sencilla, es un proceso complejo y largo. Pero, no imposible.

En conclusión, debemos cambiar esa visión tradicional de la Educación; donde prima la homogeneidad. En la cual los alumnos deben adaptarse a los maestros y por ende a la escuela. Por el contrario, debemos asumir una nueva visión de Educación Inclusiva, donde la heterogeneidad sea el factor imperante en todo. Donde seamos los maestros, la escuela y la comunidad. Quienes tengamos que adaptarnos a las necesidades y requerimientos de nuestros estudiantes. Solo así, lograremos verdaderamente ser docentes inclusivos, una escuela inclusiva y una sociedad inclusiva.

Lic. Fredd Tipismana
Fuente: Una Escuela de Calidad para Todos - DIGEBE - MINEDU. 2013

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