VACACIONES INÚTILES: Otra costumbre distorsionada

En esta ocasión quiere compartir con ustedes un artículo publicado por el especialista en Educación, León Trahtemberg. En el cual, se invita a la reflexión sobre las muy aclamadas "Vacaciones Útiles" y cuán beneficioso o perjudicial puede resultar para un niño o adolescente.

Cada vez que escucho la frase “vacaciones útiles” me invade una sensación de incomodidad. Por un lado ¿puede haber vacaciones inútiles? Si son vacaciones, casi por definición deberían ser útiles. Una vacación inútil sería aquella en la que uno hace cosas que generan malestar, tedio, ansiedad, molestia, demandando esfuerzos sin mayor satisfacción. Por otro lado la palabra “útil” parecería aludir a la antítesis de “inútil”, lo que implicaría que el año escolar usualmente es inútil y las vacaciones son el momento adecuado para hacer algo útil antes de que se reinicie el nuevo año escolar.    

Probablemente todas ellas apliquen al caso de los alumnos que salen de vacaciones al terminar el año escolar, según sea el caso. Hay alumnos que disfrutan más de las vacaciones útiles que de las clases escolares regulares, que las sienten como tediosas, desgastadoras, aburridas (inútiles). Pero también hay alumnos que evitan o evaden las vacaciones útiles por considerarlas una extensión inútil de las clases escolares inútiles.

Si a un alumno le cuesta trabajo aprender matemáticas o inglés durante el año escolar y le asignan “por su bien” clases de recuperación de matemáticas o inglés en el verano a manera de “vacaciones útiles” ¿sentirá las vacaciones como un espacio reparador o como un ingrediente más para su asfixia, una prolongación de la vida escolar agónica que no se interrumpe con las vacaciones? Para él ¿esas serán vacaciones útiles o inútiles?

El otro lado de la moneda es el de las vacaciones en las que el alumno disfruta mucho porque “por fin” puede dedicarse a hacer cosas que le encantan. ¿Por qué tiene que ocurrir ese disfrute solo en vacaciones y no durante el año escolar?
¿Por qué no puede ser la vida escolar rutinaria un espacio de disfrute continuo de experiencias de aprendizaje y sociales que ayudan a los alumnos a crecer? 

Para que las vacaciones sean productivas para los niños y jóvenes, al igual que ocurre con los  adultos, deben ser reparadoras, oxigenar el cuerpo, la mente y el alma. Eso significa salirse de la rutina, dedicarse a hacer cosas con las que uno disfruta plenamente y evitar aquellas que en la rutina desgastan física o emocionalmente.  

No se trata que los alumnos no enfrenten situaciones que les generen dificultades o frustraciones. Es bueno que las cosas no les vengan fáciles, que tengan que tolerar la frustración y aprender a esforzarse mucho para alcanzar logros. Pero una cosa es esforzarse con interés y deseos de hacer las cosas bien y otra es enfrentar cosas tediosas, aburridas, insulsas, que sean sentidas como irrelevantes para sus vidas. 

Un atleta apasionado con su especialidad y con alta motivación de logro que se dedica horas y horas al entrenamiento diario para mejorar su técnica y sus marcas ¿se siente abrumado, aburrido, desgastado, o más bien siente que alimenta su pasión y disfruta acercándose a su meta aunque en el camino tenga que soportar la dureza de  un entrenamiento intensivo? Un arquitecto apasionado con su profesión que se trasnocha haciendo diseños hasta lograr el óptimo ¿se sentiría igual cargando ladrillos o planchando camisas por el mismo número de horas?

Lo más curioso es que no hay evidencias que apunten a que la “nivelación”  vacacional realmente nivele a los alumnos (salvo quizá los que faltaron por estar de viaje o enfermos). La gran mayoría de esos alumnos “nivelados” en vacaciones vuelven a desnivelarse ni bien empieza el año escolar, porque usualmente tienen que enfrentar exigencias académicas que no están a su alcance. También es bueno preguntarse si ese tipo de exigencias respetan las diferencias individuales entre alumnos o si simplemente golpean su autoestima haciéndoles sentirse  inútiles, incompetentes e inferiores  a sus compañeros. 

Pensemos un minuto cómo se sentiría cualquiera de los padres que no tiene condiciones atléticas privilegiadas si le dijeran “tienes que saltar la valla colocada a 1.70m de altura para dar por aprobado el curso de Educación Física”. Quizá algunos contados casos de padres con un poco o mucha ejercitación puedan  lograrlo y convertirse en la envidia de los demás. Pero la mayoría será incapaz de hacerlo y verá en cada salto otro motivo de frustración hasta finalmente abandonar la actividad. Eso es lo que hace buena parte de los alumnos cuando enfrentan exigencias que no están a su alcance.     

Esta reflexión apunta en dos direcciones. En cuanto a los padres de familia, tomar nota que abrumar a los alumnos que tuvieron alguna dificultad durante el año escolar solamente va a aumentar su desagrado por los estudios, procurando evadir esas responsabilidades. Recordemos que muchos alumnos con dificultades de aprendizaje en realidad durante el año escolar hacen un esfuerzo mayor al de sus pares intelectualmente más solventes, pero aun así soportan un cuádruple castigo: tener que asistir a un colegio que los sobre-exige; recibir bajas calificaciones (inclusive desaprobados); tener que hacer horas adicionales y clases particulares o terapias en los días escolares para “nivelarse”; y por si fuera poco, sacrificar el descanso vacacional porque este se convierte en una extensión de su extenuante y agotadora vida escolar. 

Quién sabe si los padres respetarán las vacaciones en su connotación más habitual recomendada por médicos y psicólogos para cuidar la salud física y mental de los niños y jóvenes, ganarían mucho más que sometidos al régimen de maltrato vacacional. De paso, se ahorrarían una buena dosis de cólera, conflicto y agresiones mutuas que se producen entre padres e hijos en el intento de obligarlos a cumplir con algo que les disgusta.     

En cuanto a los colegios, tienen que resolver si quieren que los alumnos se sientan encarcelados, condenados a 11 años de escolaridad para tener derecho a postular a una universidad sin derecho al disfrute y desarrollo de sus intereses durante el año escolar más allá de las vacaciones (que se convierte en oportunidad para el desbande), o si ganarían más abriendo espacios de relax y disfrute durante el año escolar, particularmente para los alumnos que tienen más dificultades académicas. Así mismo, si no tendría sentido sugerir a los padres que en vacaciones suspendan todas esas nivelaciones y clases de recuperación para los niños que más dificultades y desgaste intelectual y emocional han tenido durante el año escolar. Si esa nivelación realmente fuera productiva y necesaria, podrían hacerla los mismos colegios incorporándola al primer mes de clases. 

Cuidado que al decir “pasarla bien” durante el año escolar no estoy implicando que niños y jóvenes no tengan que enfrentar dificultades y tolerar frustraciones por las obligaciones o retos difíciles que deben asumir. Significa que los alumnos le encuentren sentido a lo que hacen, sientan que los desafíos son interesantes y están a su alcance, tengan la oportunidad de dedicarse más a aquello en lo que tienen éxito y alimenta su autoestima, que no necesariamente es lo mismo para todos los alumnos (a contracorriente de lo que se asume en la educación tradicional). Si lo encuentran, sin duda no habrá límites en el tiempo y cantidad de esfuerzo que estén dispuestos a dedicarle a aquello que despierta su pasión, sin que nadie tenga que abrumarlos con tareas obligatorias. 

En suma, que encuentren un balance entre las tareas agobiantes y aquellas que les producen satisfacción y les dan el alimento emocional y pasional necesario para seguir en el camino del progreso personal, juzgado así por sí mismos y no solamente por los demás. 

Si sus hijos van a encontrar aquello que les interesa y apasiona, aquello en lo que sienten que construyen diariamente su realización personal “no los parará nadie”. En cambio si sienten que lo que hacen no tiene más sentido que cargar ladrillos para levantar un muro que ni siquiera ellos han diseñado, no esperen que encuentren por allí el camino al disfrute por su aprendizaje, ni tampoco un augurio de un futuro exitoso como estudiantes. 

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