El poder político de las redes virtuales y el rol de la educación


El avance vertiginoso de la tecnología en los últimos tiempos ha causado un cambio total en las formas en que las sociedades se relacionan y se construyen como tales. Además, la aceptación casi deliberada de las nuevas tecnologías en nuestras vidas, no ha dado el espacio necesario para cuestionarnos qué consecuencias (favorables o desfavorables) traen para el ser humano y el mundo en el que vive. Es así que, la serie «Black Mirror» creada por Charlie Brooker responde a esta necesidad. Por ello, en el presente artículo abordaremos cómo las redes virtuales ejercen una «manipulación» a nivel político y educativo de la sociedad. Para tal fin, analizaremos el primer capítulo de esta serie, titulado «The National Anthem» en cuya trama se desarrolla el rol de las redes virtuales dentro del ámbito político y cómo este tiene implicancias en el contexto educativo.

El primer capítulo «The National Anthem» podría hacernos suponer, en primera instancia, que «Black Mirror» es una serie antitecnológica. Sin embargo, (Brooker, 2013) en una entrevista a la revista ICON del periódico EL PAÍS afirma lo contrario: «En realidad, a mí me encanta la tecnología; pero en estos momentos somos todos como niños en un planeta en el que todos los adultos se han marchado y nos han dejado sin supervisión. Los avances se nos presentan siempre como algo solo positivo, pero no percibimos las cosas que vamos perdiendo ni el efecto que tiene en nuestras mentes. Es como un coche, puedes utilizarlo para ir rápido a los sitios, que es genial, pero también puedes atropellar a un montón de gente”. Entonces, no es una serie en contra de la tecnología, sino que muestra una preocupación por la forma desmedida en que esta ha irrumpido en nuestras vidas. Así vemos que, en este capítulo, se muestra cómo el primer ministro Michael Callow se enfrenta a un dilema enorme e impactante cuando la Princesa Susannah, duquesa de Beaumont, un miembro muy querido de la familia real, es secuestrado. Para su regreso seguro, el Primer Ministro debe tener relaciones sexuales en directo con un cerdo en la televisión nacional. Esta situación genera dos situaciones en las que la tecnología tiene repercusiones: La primera, la imposibilidad por parte de las autoridades para ejercer un control sobre el flujo de información y la segunda, el poder de los ciudadanos a través de las redes sociales que subyuga a la clase política a sus demandas; aunque estas sean cuestionables.

Según (Castells, 2010): «A lo largo de la historia, la comunicación y la información han sido las fuentes fundamentales del poder y del contrapoder, de la dominación y del cambio social. […] las relaciones de poder están absolutamente ligadas a las relaciones que unos llaman de influencias, otros llaman de control social, otros llaman de persuasión». En ese sentido, las redes virtuales se han constituido en un nuevo medio de comunicación y de acceso a la información de manera inmediata. Lo cual ha generado lo que él llama «autocomunicación»: multidireccional, autónoma, de intereses colectivos y legitimidad amplia. La cual, a su vez, ha dado origen a un poder distribuido que se contrapone al poder tradicional ejercido por la «comunicación de masas»: unidireccional, de información sesgada, de intereses particulares y legitimidad reducida. Ante esta nueva realidad, queda claro que las redes virtuales (Facebook, Twitter entre otras), escapan del control del gobierno que ejerce un poder tradicional (institucional) que no comprende la estructura de este nuevo espacio de comunicación. Por el contrario, las redes virtuales han otorgado a los grupos sociales un poder político sobre los propios ciudadanos e inclusive sobre el propio gobierno. Sin embargo, este poder ha dado lugar también a la aparición de grupos delincuenciales cuyas acciones tienen efectos más perjudiciales que las de los delincuentes tradicionales.

Según (Scheneier, 2013): «Los distribuidos son más veloces y ágiles a la hora de usar su nuevo poder; los institucionales son más lentos, pero usan el poder de forma más efectiva»; frente a esta afirmación; como lo indica  (Ayala P., 2014): «tanto los medios de comunicación como diversos estudios empíricos muestran que las redes sociales cumplen un papel relevante en lo referido a la participación ciudadana a través de la convocatoria a diversos tipos de encuentros en torno a temas específicos. Estas nuevas formas de comunicación han modificado los hábitos sociales de las personas alrededor del mundo, pero también han originado una nueva manera de organización y participación ciudadana en la que los individuos sienten que tienen acceso a la información de forma directa y permanente, pero también derecho a ser partícipes del discurso público, el cual solo estaba restringido a una élite de poder». Ahora bien, aunque en el contexto actual en el que vivimos el poder de los grupos sociales a través de las redes virtuales ha demostrado su capacidad de convocatoria; por ejemplo, en el caso del Perú, para llevar a cabo movilizaciones en contra de ciertas decisiones del Estado que contraviene los derechos de los ciudadanos; es decir, una especie de “manipulación” (entiéndase como la capacidad de obligar a actuar de determinada manera) de las autoridades para que atiendan sus demandas.  No obstante, esta situación de ventaja entre el poder distribuido (de las personas en redes) y el poder tradicional (del Estado) está en riesgo; puesto que, los gobiernos detestan todo aquello que no pueden controlar, y al contar con los recursos necesarios para contravenir ello, los resultados que van obteniendo en el uso eficiente de la tecnología terminan por socavar el poder distribuido tanto de los grupos sociales negativos como el de los positivos; restringiendo así las libertades.

La reacción de la población frente a un acto grotesco como el solicitado por el secuestrador, en el primer capítulo de la serie es una clara muestra de cómo los principios y valores humanos quedan de lado frente al morbo que los incita a la búsqueda de su satisfacción, aunque ello implique denigrar públicamente a una persona; no solo por su exposición a través de los medios de comunicación sino también por los comentarios de los ciudadanos a través de las redes virtuales. Esto nos invita a reflexionar sobre la necesidad de un uso responsable de las mismas y la educación tiene esa tarea. Para  (Torres-Diaz, Jara, & Valdiviezo, 2013): «Las redes sociales han tenido un desarrollo vertiginoso basado en la ventaja de permitir a los usuarios expresarse y compartir en un ambiente en el que se sienten en absoluta confianza. El crecimiento de las redes sociales, así como la diversificación de aplicaciones que corren sobre ellas son evidencia suficiente de que no son una moda tecnológica, sino que están cambiando el mundo y las formas en las que la sociedad se desenvuelve» Por lo tanto, la escuela debe incorporar las redes virtuales en su quehacer y donde el elemento pedagógico que desarrolla los aspectos axiológicos y volitivos del ser humano favorezcan un uso responsable de las redes sociales.

En conclusión, es indiscutible el avance de la tecnología y su relevancia en distintos aspectos de nuestra vida. Situaciones como las planteadas en la serie no son ajenos a nuestra realidad. Es necesario considerar que el poder dado por las redes virtuales a los distribuidos es uno de los beneficios más importantes para los cambios positivos de la sociedad y tenemos que conservarlos. Para ello, requerimos de transparencia y supervisión; donde la primera permitirá a la población ejercer fuerza sobre el poder institucional; mientras que la segunda, que las instituciones regulen el poder distribuido de tal forma que este no contravenga los derechos de los demás. De lo contrario, los grupos criminales y los intereses particulares de los gobiernos causaran un daño irreversible en nuestra sociedad. El uso responsable de las redes virtuales depende de quienes las utilizan y es ahí donde el poder de la educación juega su rol más importante en la formación de ciudadanos con principios y valores sociales. 

Lic. Fredd Tipismana


Bibliografía

Ayala P., T. (2014). Redes sociales, poder y participación ciudadana. Revista austral de ciencias sociales(26), 23-28.
Brooker, C. (04 de 12 de 2013). "Si recargar un iPhone nos quitase 10 minutos de vida, lo haríamos". (U. BEGOÑA GÓMEZ, Entrevistador) Obtenido de EL PAÍS: http://elpais.com/elpais/2013/12/04/icon/1386194137_786585.html
Castells, M. (2010). Comunicación y poder en la sociedad red, 117–155.
Scheneier, B. (2013). Schneier on Security: The Battle for Power on the Internet. Obtenido de: https://www.schneier.com/blog/archives/2013/10/the_battle_for_1.html
Torres-Diaz, J. C., Jara, I., & Valdiviezo, P. (2013). Integración de redes sociales y entornos virtuales de aprendizaje. Revista de Educación a Distancia, 35. Obtenido de: http://www.um.es/ead/red/35/torres_et_al.pdf



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