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Padres, no conviertan a sus hijos en trofeo

febrero 19, 2016
“Queridos padres: les escribo porque me rindo. Su hijo es mejor que el mío. Ustedes ganan. No jugaré más el juego de la competitividad parental”.

Con estas líneas –publicadas en ‘The Huffington Post’–, Anne Josephson, dueña de una cadena de gimnasios en EE. UU. y bloguera, inicia una carta-desahogo donde describe un fenómeno muy común que toca a los padres cuando los colegios entregan notas y premios: la competencia por tener “el mejor hijo”. El “mejor” así, entre comillas, porque no se trata solo de tener niños sanos, inteligentes, equilibrados, llenos de amigos y con notas sobre el promedio de su curso, sino que lideren en lo académico y ojalá también en lo deportivo. Ser los primeros. Ganar. En definitiva, que aporten un dato concreto que les haga sentir que, como padres, no solo lo han hecho bien: lo han hecho mejor que el resto.

“Ni siquiera nos damos cuenta de cuándo entramos en este juego”, continúa Anne, para luego describir un sinfín de comentarios y situaciones que revelan una competitividad solapada o abierta, que experimentan los padres incluso más allá de la etapa escolar. ¿Ejemplos?: “No puedo creer que mi hijo ya esté leyendo”, dice la mamá de un niño que recién comienza el jardín infantil. Madres de adolescentes preguntándoles a los demás qué puntaje lograron sus hijos en las pruebas de selección universitaria, solo para poder contar lo bien que le fue a su primogénito. Y hasta padres de hijos ya adultos, confundiendo el natural orgullo que puedan sentir por los primeros trabajos de estos con la necesidad de hacerle ver al resto lo “bien ubicados” que quedaron.

Lizzie Brooke, columnista de ‘The Guardian’, advierte que excederse con este tipo de comentarios puede indicar que los padres no se preocupan por sus hijos como los individuos que son, sino como meros representantes de lo que ella llama con ironía “ego parental”.

El conocido educador Jesús Jarque, miembro de la Sociedad Española de Pedagogía, comenta que efectivamente se ha encontrado en su trabajo con padres que sufren del narcisismo parental que describe Brooke. En algunos casos, dice, se trata de padres que incluyen, dentro de su estatus de triunfadores, el hecho de que su hijo también lo sea. Los logros no aparecen en su mente como algo que han conseguido los niños con esfuerzo, sino como uno más de sus éxitos.

“Hay padres que creen que los hijos son simplemente su continuación –dice Jarque–. No consienten que nada hiera su narcisismo: sus hijos deben ser perfectos. En algunas circunstancias, esto es muy peligroso: me he encontrado con padres incapaces de reconocer un problema grave en su hijo porque eso heriría su ego.

A veces, a esta presión se suma el tema ético. “En casos peores, el espíritu competitivo justifica el juego sucio. Los niños son los primeros que aprenden que sus padres mienten, manipulan y presionan al maestro cuando lo importante es ser el primero. Los niños repiten actitudes como mentir, amenazar al profesor o reclamar. Su moral se basa, fundamentalmente, en el criterio de los padres y madres”, advierte Jarque.

Tan convencidos están estos padres de que el éxito lo vale todo que es muy difícil que cambien. De acuerdo con Kate Roberts, psicóloga con doctorado en psicología clínica y columnista de la revista Psychology Today, “está comprobado que los padres capaces de desarrollar hijos sanos tienen altas expectativas con respecto a lo que ellos puedan lograr. Pero esos padres entregan cariño, forjan relaciones nutritivas. Si el hijo se esfuerza y no es exitoso, lo acogen, le dan un buen soporte emocional. El narciso no hace eso. Si el hijo no cumple con las expectativas no le entrega afecto. Es incapaz de establecer un vínculo afectivo”.

Las altas demandas, además, suelen producir círculos viciosos. Según explica Roberts, crecer pensando en qué tan gratificados o decepcionados se puedan sentir los padres genera ansiedad. Si bien algo de ansiedad es buena para avanzar, precisa, cuando es mucha los niños se distraen.

“A veces ocurre también que los padres delegan en los hijos aspectos que ellos no han resuelto; pedirle al otro que tenga una vida que no tuvo”, acota Pamela Soto, terapeuta familiar de la Universidad Diego Portales, de Chile. En este contexto, dice Kate Roberts, lo que consigan los hijos se suma a otros factores que supuestamente miden el éxito, como tener una buena casa, un buen carro, un trabajo de estatus. Y los hijos aprenden que su valor está ahí. Por eso, de adultos, reproducen el modelo.

Bajar la guardia

Con todo, opina Pamela Soto, puede ser injusto apuntar con el dedo a los padres: “Vivimos en una sociedad en que los premios y logros dan valor a las personas. La competitividad es un fenómeno cultural. Es lo que hemos construido. Los padres que están sobreexigiendo no son malas personas, porque los colegios se organizan en torno al rendimiento”.

Convencidos de que los niños deben prepararse para sobrevivir en un mundo competitivo, muchos padres justifican la presión sobre sus hijos. Algo de razón tienen: los especialistas coinciden en que una cuota de competitividad hace bien y actúa como un estímulo de superación. El problema está en el exceso. Como precisa Daniela Toro, terapeuta familiar de la Clínica Las Condes, de Santiago, lo importante es que el afán de logro no invisibilice las vulnerabilidades ni permita que se pierda la capacidad de valorar los procesos, errores y progresos de los hijos.

Los padres que caen en una competitividad malsana pueden reconocerse, según Jesús Jarque, por un puñado de conductas que los delatan. Estos padres son los que imponen una calificación mínima, exigen a sus hijos que sean los primeros de la clase, hacen constantes comparaciones, reclaman por las notas y tienen cierta obsesión por ir de prisa. Que sus hijos sean los primeros en aprender a leer, por ejemplo, puede ser para ellos más importante que el hecho de que aprendan a disfrutar la lectura.

Además, es vital que el hijo sienta que sus éxitos son suyos. Dice sobre esto Francisca Puga, psicóloga con magíster en psicología social comunitaria en el London School of Economics: “Muchas veces los logros son compartidos: hay una inversión de padres e hijos para conseguirlos. Pero la ecuación entre la confianza en las propias capacidades y la seguridad de poder apoyarse en los padres va cambiando con el tiempo. Es esperable que, con la edad, lo primero vaya adquiriendo más protagonismo.

“Una cosa es sentirse orgulloso por los logros de los hijos, pero otra cosa es que yo transfiera ese orgullo hacia mí mismo, como si los logros fueran míos”, comenta Soto.

Según explica la psicóloga, esta falta de diferenciación genera una dependencia hacia los padres; los hijos crecen dependiendo de la valoración de los otros y con dificultad para reconocer sus necesidades, para seguir su propio camino. De adultos, suelen ver las necesidades de los otros y no las suyas, lo que a la larga puede traducirse en depresión, angustia, ansiedad o relaciones culposas. Los padres, por otro lado, suelen sentir frustración.

“Cuando la evaluación que hacen de ti tus padres es siempre comparativa, terminas siendo un adulto inseguro –comenta Daniela Toro– , porque te mides con parámetros que no están puestos en ti mismo. Tienes baja tolerancia a la frustración y pierdes matices: o eres exitoso o eres un fracaso. Actúas de acuerdo con lo que ‘deberías’ ser, y eso trae infelicidad. Rebelarse contra esto, por otro lado, tiene costos: esa decisión suele provocar muchos conflictos familiares”.

Al final, la principal misión de los padres en ese sentido, coinciden los expertos, es facilitar la posibilidad de que los hijos desarrollen su propio plan de vida, con objetivos propios.

SOFÍA BEUCHAT
El Mercurio (Chile) - GDA

Fuente: http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/educacion/educacion-de-ninos-y-sus-miedos/16483354?_

Me llaman Radio (Ver Película - Español Latino)

febrero 14, 2016
La película está basada en la historia real sobre el entrenador de fútbol americano Harold Jones (Ed Harris), del Instituto T.L. Hanna High School, y un joven con deficiencia mental, James Robert "Radio" Kennedy (Cuba Gooding, Jr.)

Radio pasa desapercibido entre las demás personas, hasta que el entrenador del equipo de fútbol se fija en él y trata de ayudarlo e integrarlo en el equipo, en la escuela y en general en la vida. La película se desenvuelve con un grado de ternura por parte del entrenador y con un grado de inocencia por parte de Radio.

Educación a la carta (Ver Documental - Español)

febrero 09, 2016

Documental de la asociación española Plataforma por la Libertad Educativa, dirigido por Laura Mascaró, que muestra diferentes opciones educativas y aboga por su coexistencia y la libertad de elección de las familias. 

¿Por qué "Educación a la carta"? 

Porque del mismo modo que nadie pone en duda que lo mejor para nuestra alimentación es que haya múltiples opciones y que cada uno pueda elegir su comida en función de sus necesidades, sus gustos y sus intereses, tampoco nadie debería poner en duda que en educación lo deseable es, también, que existan múltiples opciones.

La intención no es defender un modelo educativo por encima ni por contraposición a otros. Por el contrario, que todos los modelos tienen aspectos positivos y que corresponde a cada familia elegir el que más se ajuste a las necesidades de cada uno de sus hijos.




Si te gustó el documental "Educación a la carta (La revolución pendiente)" no te pierdas los extras. Más de 120 minutos de contenido inédito. Accede aquí: https://vimeo.com/ondemand/educacionalacartaextras

Dale la vuelta a tu clase: lleva tu clase a cada estudiante, en cualquier momento y cualquier lugar

febrero 04, 2016

El “flipped classroom” o “darle vuelta a la clase” no es una metodología; sino una nueva forma de ver el rol del docente y de los estudiantes dentro del proceso educativo. Así lo trata de demostrar Jonathan Bergmann y Aaron Sams, maestros de Química de Escuela Secundaria de la ciudad de Woodland Park, Colorado y pioneros en el desarrollo de “la clase al revés” en su libro Flip Your Classroom. Reach Every Student in Every Class Every Day: En el cual, plasman sus experiencias e invitan a los maestros a empezar a desarrollar esta propuesta. Pero, la pregunta es: ¿En qué consiste “darle vuelta a la clase”?

Antes de responder a la interrogante, es necesario considerar algunas ideas que el propio Marc Prensky (reconocido educador, escritor, conferencista y diseñador de juegos educativos) desarrolla en el prólogo realizado para el libro de Jonathan Bergmann y Aaron Sams. En el cual expresa que “El viejo papel educativo de transmitir información ha sido sustituido por enseñar a los estudiantes a enseñarse a sí mismos”. Sin embargo, “El problema frente a ello es que muchos maestros se han formado en un mundo preinternet y con valores preinternet. Por lo cual, les resulta difícil entender que los alumnos del siglo XXI aprenden no solo a través de los libros impresos, de los debates y conferencias, sino también a través de videos, audiolibros, libros electrónicos, películas, presentaciones multimedia, mensajes de textos, redes sociales, etc.” Afirma también que “El video es el nuevo texto”. - En estos tiempos, ¿Quién no ha buscado aprender algo que desconocía a través de un video en internet? -  Presky señala que “La clase al revés gira en torno a los estudiantes. Ellos no necesitan contenidos, sino motivación, respeto, empatía y ayuda para descubrir y desarrollar sus propios intereses personales […] Lo que los alumnos de hoy no quieren ni necesitan de sus profesores es que les den conferencias en el aula […] Dar a la tecnología aplicaciones de gran alcance, que permitan a los estudiantes hacer cosas que no podían realizar antes, es lo que todos los educadores deberían estar buscando y poniendo en práctica”

Volviendo a la pregunta planteada en un inicio y en un intento de responder a grandes rasgos lo que es “La clase al revés”a partir de lo expuesto en el libro de Jonathan y Aaron. Diremos que "dar vuelta a la clase" consiste en invertir lo que normalmente se hace en el aula y lo que se realiza en casa; es decir, que lo teórico se desarrolle en casa y lo práctico en el aula. Así el docente desempeñará su rol de mediador del aprendizaje; mientras que el estudiante asume la responsabilidad del mismo, dejando de ser un simple receptor de información. Por ejemplo, Jonathan y Aaron nos proponen crear o utilizar videos para lo que se hace fuera de clase; puesto que lo audiovisual resulta más atractivo para los alumnos de hoy. Siempre y cuando vayan acompañados de alguna actividad específica (utilizar organizadores, elaborar interrogantes sobre las dudas que tengan, etc.) que nos garantice que los estudiantes han visto el video y vienen preparados para desarrollar las actividades propuestas para el aula. Eso sí, el uso de videos no es obligatorio se pueden reemplazar con otros materiales que el docente crea conveniente y según la realidad de sus estudiantes. Pero si desea crear o usar videos; estos deben ser breves y no durar más de 10 o 15 minutos. 

Ante lo dicho anteriormente surge la siguiente interrogante ¿por qué “dar vuelta a la clase? Según los autores...

NO debería “dar la vuelta” a su clase:

 Porque los expertos así lo señalan.
No adopte ninguna estrategia de enseñanza sin pensarlo muy bien antes.
 Porque piensa que así creará una clase del siglo XXI.
La pedagogía siempre debe dirigir la tecnología, y no al revés.
 Porque cree que estará a la vanguardia de las tendencias.
La “clase al revés” no siempre usa lo último en tecnología.
 Porque considera que “dar la vuelta” a la clase le exime de ser un buen profesor.
Enseñar es mucho más que transmitir buenos contenidos.
 Porque cree que le va a facilitar su trabajo.
“Dar la vuelta” a la clase no va a hacer más fácil su trabajo


Por el contrario, SÍ debería “dar la vuelta” a su clase:

 Porque habla el mismo idioma que los alumnos
El uso de dispositivos tecnológicos dentro del aula nos permite conectar con ellos
 Porque nos permite ayudar a los alumnos muy ocupados 
Los estudiantes pueden avanzar a su propio ritmo y según el tiempo que disponen
 Porque nos permite ayudar a los alumnos con problemas
El docente puede llegar a aquellos alumnos que antes quedaban relegados
 Porque permite que destaquen los alumnos con capacidades especiales
La clase se adecúa a cada estudiante
 Porque permite “poner en pausa” y “rebobinar” al profesor
Los estudiantes toman el control de su propio aprendizaje
 Porque Incrementa la interacción alumno/profesor
El docente dispone de mayor tiempo para interactuar con sus estudiantes
 Porque permite que los profesores conozcan mejor a sus alumnos
A mayor interacción, mayor oportunidad para conocer a profundidad a los estudiantes
 Porque mejora la interacción alumno/alumno
El docente ya no es visto como una persona que ejerce autoritarismo sino se convierte en alguien en quien los alumnos pueden confiar
 Porque permite hacer distinciones reales
El docente puede cerciorarse de quién aprende y quién no
 Porque cambia la manera de gestionar la clase
Los principales problemas de “disciplina” desaparecen; ya que el alumno está involucrado en su aprendizaje 
 Porque modifica la forma en que nos comunicamos con los padres
Al tener un diagnóstico más real de cada estudiante podemos involucrarlos más en su aprendizaje
 Porque permite “educar” también a los padres
Los padres deben entender que lo que importa es que su hijo aprenda
 Vuelve la clase “transparente”
Conocemos la realidad de nuestras aulas 

El anhelo de todo maestro es que sus alumnos aprendan y la única forma de lograrlo es convirtiéndolos en los protagonistas de su propio aprendizaje consciente; donde nuestra labor sea brindarle los medios para lograrlo. Por consiguiente, la “clase al revés” es una forma de hacerlo. Así lo he comprendido a partir de las diversas ideas que Jonathan Bergmann y Aaron Sams plantean a lo largo de su libro y que les ayudarán a entender mejor esta nueva forma de ver la educación y que sería demasiado extenso analizarlas todas aquí. Por ello los invito a leer el libro. Así que no se apresure a tomar una decisión. Quizás, al terminar de leerlo tome la decisión de trabajar en su propia “clase al revés” como yo lo voy a hacer.

Lic. Fredd Tipismana

Bibliografía

BERGMANN, J., & SAMS, A. (2014). Dale la vuelta a tu clase: lleva tu clase a cada estudiante, en cualquier momento y cualquier lugar. (M. FERNÁNDEZ, Trad.) Madrid: Ediciones SM.

 
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