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Mamá, quiero ser influencer: la aspiración de adolescentes y jóvenes

mayo 03, 2019

¿Qué es un influencer? Este término que se emplea cada vez con más frecuencia en los medios de comunicación, no forma parte del diccionario que elabora la Real Academia Española (RAE). No obstante, se denomina influencer a una personalidad pública que se hizo famosa a través de Internet y que encuentra en el ámbito digital su principal ámbito de influencia. Se trata de personas con miles o millones de seguidores en las redes sociales. Por lo consiguiente, es alguien capaz de viralizar contenidos: es decir, de multiplicar la difusión y la propagación de videos, imágenes, etc. Además, incide en las decisiones de consumo de sus seguidores, marcando tendencia.

Convertirse en influencer es una aspiración real para muchos jóvenes (y también para los adolescentes). Esta es una de las principales conclusiones del estudio Ron Brugal «Mamá, quiero ser influencer», que pretende conocer mejor cuáles son las motivaciones de los jóvenes, si realmente viven de la manera que más les gustaría, y cuál es el papel que juegan los influencers en su vida.

La encuesta sociológica, realizada a más de 800 españoles de entre 18 y 35 años, refleja el descontento general de estos, especialmente los de la generación Z (18-23) con su situación actual, con su profesión o incluso con lo que estudian (52%). Se debaten entre lo que querrían hacer (viajar, conocer gente, vivir experiencias nuevas y únicas) y lo que «deben hacer». Pasan buena parte de su tiempo en redes sociales (dos horas o más en casi el 50% de los casos), siguiendo a influencers, viendo sus vidas de ensueño, comprobando que aquellos a los que admiran sí pueden vivir de sus hobbies y cobrar por hacer lo que más les gusta.

Un 58% de los jóvenes españoles está trabajando actualmente (empleo o prácticas) pero el 40% no lo hace en lo que le gusta. Tampoco los estudiantes (un 24%) están demasiado contentos con su situación o con la carrera que han elegido: un 25% afirma que no está estudiando lo que le apetecería. Se ven atrapados entre aquello que «deben hacer» y aquello que «les gustaría hacer». Y es un tema que realmente les preocupa… el 62% se ha planteado alguna vez dedicarse a otra cosa y el 24% afirma que «es algo en lo que pienso todo el tiempo». En este sentido, es el tramo más joven (generación Z, entre los 18 y los 23 años) el más descontento con su vida.

Quieren vivir experiencias nuevas: viajar y conocer sitios (77%), probar bares y restaurantes (65%), curiosear sobre tecnología y gadgets (42%), hacer fotos y editarlas (41%), conocer gente (39%) …disfrutar de la vida y tener vivencias de diferente tipo que les enriquezcan. Por ello, no es de extrañar que les atraiga la idea de convertirse en influencer.

Las profesiones más aspiracionales para ellos son la de actor/actriz (48%), músico/a (45%) y deportista (36%), colándose en el ranking de las profesiones más deseadas la de influencer: 1 de cada 4 jóvenes cree que es una de las profesiones más top del momento, a lo que se suma el hecho de que en las anteriores -actor, músico, deportista- el ser (además) influencer suele ser habitual.

Lógicamente la edad influye y son los más jóvenes los que se ven más atraídos por esta profesión. En ese sentido, como docentes (y padres), surge la necesidad de preguntarnos ¿En qué medida esto es positivo? ¿Existen aspectos negativos a considerar? ¿Qué acciones debemos tomar desde la escuela o el hogar frente a esta realidad?

Los datos estadísticos, que ha arrojado el estudio en mención, nos invitan a reflexionar sobre el tema. Muchos jóvenes y adolescentes anhelan convertirse en influencers, solo basta con darse una vuelta por lo que publican a través de sus redes sociales (especialmente Instagram o Youtube) para comprobarlo. No obstante, cabe preguntarse qué se está comprendiendo por ello; ya que, así como existen influencers que promueven acciones positivas ligadas al deporte, la salud, el activismo social, etc., también hay quienes cuyo contenido es superficial e inclusive perjudicial, porque contribuye a la “distorsión” de la identidad de la persona entre lo que es en realidad y lo que quiere ser en las redes.

Otro aspecto a considerar, es la importancia de la distinción entre lo público y lo privado, cuya línea divisora parece ser casi inexistente entre muchos adolescentes y jóvenes; para quienes el precio a pagar por la popularidad (falta de privacidad, pérdida del anonimato, exposición pública permanente, someterse a críticas negativas o sacrificar parte del tiempo de ocio personal) resulta insignificante frente a las satisfacciones que consiguen. Así, para el 69% de los jóvenes, lo mejor de ser influencer es poder ganarse la vida haciendo lo que más le gusta, poder vivir de su hobby, viajar gratis, probar productos de diferentes marcas o ir a festivales o eventos musicales. Por otro lado, reconocen las cualidades que deben cultivar, entre ellas comunicar, transmitir confianza, inspirar credibilidad, ser creativos, cercanos y estar comprometidos con sus seguidores.

La importancia que ha cobrado el hecho de convertirse en influencer para los adolescentes y jóvenes, debe llamarnos (a los adultos) a replantearnos sobre qué oportunidades les estamos brindando para crecer, desarrollarse y sobre todo vivir; pues en nuestro afán de querer brindarles opciones “económicamente seguras”, dejamos de lado sus intereses y aspiraciones, inclusive podríamos decir que estamos contribuyendo con la frustración, depresión y demás problemas que hoy agobian a nuestra sociedad.

Como escuela y familia debemos generar espacios de debate y discusión sobre este tema, no podemos ser ajenas a esta realidad. Así también, debemos avivar el fuego de la pasión, la motivación, la creatividad… de adolescentes y jóvenes. Debemos comprender que el mundo de ellos cambia constantemente, y el nuestro también, aunque no lo queramos ver. No obstante, la orientación es necesaria. Tenemos que empujarlos a perseguir sus sueños, aunque implique seguir nuevos caminos; pero, también debemos prepararlos para hacer frente al fracaso, ya que no todos lograrán vencer al sistema. Si bien no todos serán influencers en las redes, podemos ayudarlos a ser influencers en la realidad, influencers de verdad. Solo hay que enseñarles el(los) camino(s).

Mg. Fredd Tipismana


Fuentes:






 
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